Las Crónicas de Lugh

Capítulo I

Dos caminos diferentes

Por las mañanas el parque siempre estaba lleno. Muchas personas que viven a sus alrededores, antes de ir a trabajar salían a hacer ejercicio. Ya sea solos o con sus perros. Y esa mañana no fue la excepción. Habían unas veinte personas corriendo y saltando por todo el parque. Sputnik parecía no importarle la gente y corría de un lado a otro, mientras yo corría junto a la Señora Puch, mi vecina.

La Señora Puch era muy seria y casi no hablábamos, pero en las mañanas era una excelente compañía para hacer ejercicio.

- Bueno Lugh, ya casi son las siete – Dijo la señora Puch poniéndose su chaqueta – hoy tengo una importante reunión, será mejor que me vaya a arreglar.

- Está bien, yo también me tengo que ir… Tengo que ir al campus y a buscar información sobre Reivaj, -Silbido- Sputnik, ¡vamos ya es hora!

- Uh… ¿Todavía no sabes nada de Reivaj? –Preguntó

Pensé en decirle lo de la llamada en la mañana, pero inmediatamente me saque esa idea. No quería que me preguntara más sobre eso.

- No, todavía no he averiguado en donde esta.

- Que mal saber eso Lugh. Bueno, me voy. Nos vemos mañana.

La señora Puch se fue y luego de eso, le puse la correa a Sputnik y nos fuimos rápidamente a la casa. Al llegar a la casa, me metí a la ducha, me cambié y le puse la comida a Sputnik. Pensé en comer algo, pero al ver la hora decidí comer en el camino. Así que me puse en marcha.


Eran las siete y cuarto de la mañana cuando llegue a la estación del subterráneo. Estaba junto con unas doce personas, esperando a que llegara el tren que cruzaba el centro y llegaba al campus. Por fin llego, abordamos el ‘Aedo’ y ahí fue cuando me di cuenta de algo; entre la multitud que salió y la que entró había alguien que me estaba viendo. Solo fue un instante. No logre ver bien a esa persona, llevaba un sudadero oscuro con capucha, que le oscurecía la cara… más bien parecía una sombra. Fue extraño, pero pareció que nos conocíamos…


- ¡Oh por Dios! ¡Es Reivaj! –Exclamé cuando el Aedo se empezó a mover

No me quedaba de otra, esperar a que el Aedo llegar a la estación del centro, y luego regresar a buscar a Reivaj. Pensé en llamar a Anna para contarle, pero no estaba seguro, talvez no era él. Así que esperé.

Al fín, la estación central. Baje del Aedo y comencé a correr hacia el ala opuesta de la estación, para abordar el ‘Bonta’ que pasaría en unos cinco minutos.


Corrí lo más rápido que pude y logré llegar a tiempo, justo cuando los pasajeros del Bonta terminaban de bajar. Entre, tome un lugar cerca de la puerta y después de eso los siguientes minutos fueron eternos.

Pasaron veinte y seis minutos, cuando llegamos a la estación Santa María (la estación donde aborde por primera vez). No se ni como baje sin tropezarme, ni se como corrí tanto para salir de la estación, pero logre salir. La casa de Reivaj estaba a unos diez minutos de la estación así que no pare de correr.


Reivaj era mi vecino, más no decir mi mejor amigo. De pequeños vivíamos en a las afueras de la ciudad de Ralibi, y siempre habíamos sido bastante unidos. Hasta el 6 de Febrero del año pasado, cuando una noche una extraña enfermedad ataco a la hermana menor de Reivaj, Milla. Ella paso tres días en el hospital, sin que los doctores supieran que diagnosticar, hasta que en la madrugada del tercer día su corazón se detuvo. Reivaj cambió bastante desde entonces, dejó de ir a estudiar, se encerraba en su casa todo el día y apenas comía. Lo peor comenzó hace unos cuatro meses cuando empezó a investigar sobre esa enfermedad, y solo en eso pensaba. Un día simplemente desapareció… Junto con Anna y con Rigo, lo buscamos e incluso pusimos anuncios en los periódicos locales. Pasó el tiempo y nada, hasta ahora…

Antes de llegar a la casa de Reivaj, ví que en mi puerta había una nota pegada. Me acerque y la leí:

“Hola Lugh, tiempo sin verte… Lamento haberme ido sin avisar, pero se que después de ver lo que hay dentro de la caja negra que deje sobre tu cama me vas a entender. Por favor, ábrela.

Reihvaj”

La puerta de mi casa estaba abierta, entre despacio, camine hacia mi habitación… Sputnik estaba debajo del sofá, como si tuviera miedo de algo.

Encima de mi cama estaba una caja negra. Como si fuera el vidrio más frágil del mundo destape la caja. En la caja había una piedra verde azulada, un ratón blanco amarrado de las patas y un sobre blanco. La piedra era bastante llamativa, la tomé con mi mano izquierda y en el momento que la tomé comenzó a brillar. Empecé a sentir un dolor como que si me estuviera quemando y cortando al mismo tiempo, traté de soltarla pero no podía. Era como si estuviera pegada a mí. El dolor era intenso y de repente se detuvo… la piedra se había incrustado en mí, estaba debajo de mi piel. Asustado me precipité a tomar el sobre blanco, que decía “La vida y la muerte, dos caminos diferentes”. No le preste atención a eso, abrí el sobre; había una carta y una llave plateada.


La carta decía:

“Perdóname Lugh, solo quiero que me comprendas. Lo que hay en la caja es la razón por la que desaparecí durante todo este tiempo. La muerte de Milla, esa extraña enfermedad tiene una explicación.


¿Recuerdas las viejas historias que contaba tu abuelo sobre el desolado pueblo de Tefron, el pueblo del pecado? Pues, hace 170 años en las viejas minas de Tefron, unos mineros encontraron una extraña aleación de metales desconocidos. Cuando alguien se acercaba a este metal, comenzaba a brillar. Los mineros se sintieron atraídos por la preciosidad de estos metales, que decidieron usarlos para hacer joyas. Debido a la escasez de este extraño metal, decidieron hacer tres collares y un anillo. Sin mencionar que por más de cincuenta años los mineros continuaron buscando más de este metal en las minas de la región.


Los tres collares fueron regalados a las esposas de los mineros, y el anillo lo obtuvo el dueño de la mina, Thomas Pue. ¿Qué tiene que ver con Milla? Pues te diré. A los cuatro meses de usar estos ‘regalos’ las personas empezaron a ser víctimas de una enfermedad “desconocida” que los llevo a su muerte. A estas personas las enterraron junto con sus joyas, pero tanta fue la codicia de la gente de Tefron que saqueó las tumbas para hurtar dichas joyas. Y la historia se repitió, los nuevos dueños murieron a los pocos meses. Pero esta vez, surgió el rumor que fue por las ‘joyas malditas’. Así que juntaron las 4 joyas y las metieron en una caja de plomo que guardaron en la Iglesia local, pensando que se iban a bendecir. El tiempo paso, y fueron olvidando las joyas. Pero un día misteriosamente desaparecieron, y nadie se preocupo por buscarlas de nuevo.


Lugh, las joyas fueron llamadas ‘Piedras de la Muertevida’ las personas que las encontraron en Tefron, no sabían que eran hasta que las piedras las mataron. Estas piedras, succionan la vida de las personas que están cerca. A menos que uno sepa controlarlas… por eso te di una a ti, Lugh. Descubrí la forma de que estas joyas se fusionen con sus dueños, y así tener control sobre ellas. Ahora puedes decidir sobre la vida de cualquier ser en este planeta. Mi hermana murió porque fue víctima de estas piedras.

Yo tengo una piedra incrustada en mi brazo derecho, ahora tu tienes una piedra… hay una tercera en el fondo del lago Bilmo, en Tefron. Falta una que es la culpable de la muerte de mi hermana… ahora ya sabes que he estado haciendo.


La llave de plata es para abrir una pequeña caja de madera que esta bajo la cama de mi hermana… talvez encuentres algo interesante. Si tienes preguntas, pregúntale al ratón.”


Terminé de leer y no entendía nada… estaba frío, pálido… miraba mi mano como si estuviera a viviendo mis últimos minutos.

- ¿Gran poder? ¿Piedras de muertevida? Mierda Reivaj, ¿qué me hiciste? –Preguntaba gritando – Argh… el ratón…

De momento me acorde del ratón y lo tomé… lo puse en mi mano izquierda y de pronto ví como el ratón iba perdiendo el aliento…

- Esta muriendo… -no podía creerlo… -solté al ratón y lo puse en la cama… apenas se movía… entonces me acorde de la frase que tenía el sobre “La vida y la muerte, dos caminos diferentes”. También pensé en lo que había dicho Reivaj “tener control sobre la piedra”. Así que me dije a mi mismo: “Cuando tome al ratón por primera vez, solo pensaba en morir… tenía miedo; si ahora pienso en lo contrario…”


Lo hice, tome al ratón nuevamente pero esta vez pensé en vivir… de nuevo sentí algo en mis manos, el ratón se comenzaba a mover más ágilmente hasta que salto de mi manos y cayó en la cama…


No podía creerlo, en serio esa piedra me había dado un poder que iba más allá del conocimiento humano…


Estaba atónito, asombrado… tenía miedo y solo quería volver a probar pero con otro animal… Sputnik pasó por mi mente, pero es mi perro después de todo, así que tuve miedo de lastimarlo. Pero, el gato de los vecinos de enfrente escogió un mal momento para estar en mi ventana…

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