Llamada I
“Anna”
Ya eran las ocho de la noche. Reivaj y yo, estuvimos horas y horas intentando que yo controle mis poderes. El ejercicio con los ratones estaba comenzando a tener efecto. Podía dejarlos inmóviles; y podía hacerlos volar cuando les devolvía la energía. Reivaj me dijo que no los envejeciera porque no siempre se puede regresarlos a su verdadera edad. Estaba feliz. Solo el cansancio que empezaba a sentir me hacía parar con mi entrenamiento.
- Suficiente. Si seguimos entrenándote vas a colapsar y no vas a tener energías para mañana. Será mejor que descansemos. – me dijo Reivaj mientras acariciaba a los ratones cuando los metía en sus bolsillos.
- Este bien. Solo dime algo, ¿vale la venganza, la pena de ser el blanco de unos sicarios?
El silencio lo dijo todo, Reivaj pareció ignorarme, se dio la vuelta, se puso la capucha y solo dijo: “Buenas noches Lugh”
Todavía pensé en seguirlo, y lograr que contestara mi pregunta, pero un dolor de estómago me hizo cambiar de opinión. No había comido en todo el día. Así que salí de la casa de Reivaj y entré a la mía. Reivaj me asusto cuando lo vi adentro de mi casa sentado en el sofá, junto con Sputnik a la par. Al ver esto, sarcásticamente dije:
“Nada de enseñarle a hacerse el muerto al perro…” – Reivaj rió un poco y se recostó en el sofá.
Me fui a la cocina y saque un poco de gelatina del refrigerador. Básicamente mi dieta desde empezar el Campus había sido gelatina, yogurt, cereal, jugo y leche, así que no había mucho para escoger.
Me senté en el sofá que estaba enfrente de Reivaj, encendí el televisor y cuando hice esto el teléfono sonó. Me levanté, conteste y era Anna preguntando si había averiguado algo de Reivaj. No supe que decirle así que le dije que no había averiguado algo. Pero de igual modo insistió en pasar a ver porque no había ido al campus.
¿Qué podía hacer? Es decir, no quería meter a Anna en un problema así. Reivaj coincidió conmigo y me dijo que fingiría ser mi tío que pasaba de visita. Me pareció bien.
Conocía a Anna desde hace dos años, cuando me mudé a Central. Estuvimos en un grupo de trabajo durante seis meses y nos volvimos buenos amigos. Con el tiempo llegamos a ser más que eso; nos hicimos novios. Y aunque las cosas no siempre eran perfectas, lográbamos solucionar nuestros problemas. Ella era especial, carismática, entusiasta… sorprendente. Nos conocíamos tan bien, que me costaba tener que mentirle sobre Reivaj. Pero era lo mejor ¿o no?







0 comentarios:
Publicar un comentario